Era y punto, y el tiempo comenzó a correr por una sola razón, sabía que era pero para existir necesitaba un espacio y ese espacio comenzó su tiempo de existencia, así fue y no hubo otra razón. Nunca fue consciente de ello pero así pasó, solo supo que dejó de ser único, y puesto que no conocía el movimiento lo único que podía pensar era que cada momento se repetía a sí mismo pero al mismo tiempo dejaba de ser en el momento anterior. Luego se enteró de que ahora además de ser, estaba, pero no sentía nada, así descubrió el tiempo y el espacio.
Al no sentir nada junto a sí, supo que había otros lugares que no eran ocupados por nada. Pensó entonces que si desocupaba su lugar podría ocupar otro y eso fue lo que ocurrió. En todas direcciones lo pudo hacer, y supongo que se preguntaran ustedes, ¿flotaba? ¿la gravedad? Demás preguntas, que parecen ciertamente lógicas. Pues sabrán que la gravedad tal vez existiera, pero ¿quién se lo había dicho? Ya hemos visto lo que logró solamente pensando, ¿por qué no ir en contra de las leyes de la física, en caso de que existieran, sólo no pensando en tales conceptos? Y si quieren saber si flotaba, pues no, flotar es digamos mantenerse elevado, pero quién dijo donde era arriba y donde abajo, abajo es normalmente hacia donde las cosas caen, pero ¿había algo que pudiera caer?
Ya que todo está claro, prosigamos. El espacio ahí estaba, pero hasta dónde llegaba o si tenía fin eso no lo sabía. Se imaginó que el espacio tenía fin ya que sólo se conocía a sí, nada más, y ya que su propia existencia era finita, imaginó que todo lo demás lo era también. Comenzó, pues, a moverse en direcciones todas, las cuáles le parecieron no diferentes unas de otras, y esto fue así porque no había nada que lo atrajera hacia lugar alguno ni conocía su forma ni la del espacio en el que se encontraba, por lo que todo le parecía igual.
Pensó que, aunque no infinito, su espacio debía de ser bastante extenso ya que, hasta ahora, en todas las direcciones, todas las direcciones sin excepción de alguna, en las que se movió, no encontró ningún impedimento a su movimiento. También imaginó que hacia las direcciones que pudiera imaginar moverse habría la misma distancia, comenzando, claro está, desde donde comenzó todo. Esto porque nunca se creyó tan atinado como para haberse movido bastante en cada una de las direcciones que hubo creído convenientes en el momento en el que lo hizo, sin haber llegado al fin del espacio en alguna dirección. Como ya es de imaginarse, ideó su espacio de esa forma que nombramos esfera, y que sólo lo hacemos los seres humanos que hablamos el castellano. Tomó la decisión de conocer el final del espacio y de hacerse de una idea de su tamaño, para lo cuál lo más sensato era avanzar en una única dirección, hasta que esto le dejara de ser posible. No teniendo nada mejor que hacer se dirigió por principio al lugar en el que comenzó, y que siempre tuvo la sabia consideración de recordar. Llegó al lugar y comenzó su odisea.
No fue poco lo que se tardó en llegar al final de su esfera, la cual era ciertamente una esfera, pero más adelante sabremos porque no lo era. Pero ahora lo que interesa no es si llegó o no, sino lo que sucedió durante la travesía. Por largos ratos siguió avanzando a paso constante, ratos que no podrían ser explicados en términos de horas y minutos, pero eran largos. Siguió avanzando, y realmente avanzaba porque sabía que estaba avanzando. Aconteció que cuando había recorrido la mayor parte de lo que sería su viaje de aquella ocasión, ocurriósele que ya había recorrido la mayor parte, y conforme avanzaba estaba cada vez más seguro de que se acercaba más el final, y cuando al fin estuvo seguro que había llegado al final, llegó al final.
Sobra decir que quedó algo sorprendido, y no es de extrañarse por motivo alguno, había adivinado exactamente el tamaño de su lugar de residencia. Por mucho tiempo pensó como había logrado hacer esto, fue para sí como para cualquier persona hubiera sido estar pensando en un mismo lugar durante meses, pero el tiempo que realmente pasó ahí no es posible contarlo, teniendo en cuenta que pudo haber sido un espacio de dos segundos o dos milenios de los que conocemos las personas. Pensó por tan largo tiempo que incluso llegó a olvidársele que había llegado al final. Habiéndose cansado de su lugar, se movió de éste, inconscientemente en la dirección en la que ya estaba acostumbrado a moverse este ser. Recordó en ese momento algo que lo llevó a pensar que había realizado lo imposible, ya había llegado al final, pero ahora resultaba no ser el final. Le surgió entonces una obvia pregunta: ¿A donde había ido a parar el final?
Pensó que tal vez el espacio crecía constantemente pero tuvo que descartar la opción porque antes, cuando el final aún no se había marchado, pasó algún tiempo intentando avanzar más allá, pero el final resultó impenetrable e inmóvil. Lo que le pareció más lógico después de haber razonado por largos ratos, fue que por azares del destino el final habíase movido más allá de lo que se encontraba antes. Fue por estas razones, por las cuales, con deseos de encontrar nuevamente el final, volvió a emprender su camino, en la dirección misma del resto de la travesía.
Menos tiempo pasó esta vez que antes, pero al igual que antes, cuando creyó que su camino había llegado a su fin, así sucedió. Quedó aún más sorprendido esta vez, siendo que esta era la segunda vez que había adivinado el final, y esta vez pensó por una mayor cantidad de lo que llamamos tiempo, pero este ser no lo llamaba, porque un ser así debe de percibir todo de una forma distinta, pero le pareció lo que a cualquier persona le hubieran parecido décadas de estar pensando. Fue en los últimos momentos de su largo pensamiento cuando se dio cuenta que probablemente había sido su propia voluntad lo que había puesto el final en el lugar en el que él lo había imaginado y sintió por primera vez en sí lo que llamamos poder.
Sabía hasta entonces que era, que estaba, que se movía, que cada instante se desvanecía para dar paso a uno nuevo (diríamos que conocía el tiempo) y acababa de aprender que en cierta forma podía cambiar el espacio. Reflexionando sobre todas estas cosas se dio cuenta de que sabía que sabía algo y este nuevo saber lo llevó a preguntarse como hizo para darse cuenta de tal maravilla. Después de varios momentos de seguir pensando llegó a la conclusión de que pensaba y por eso sabía que sabía.
Con tantos conocimientos (o al menos eso le parecía) sentíase insatisfecho aún, porque el hecho de saber que pensaba le dejó una nueva duda, sabía que lo hacía, pero no sabía cómo lo hacía. Le pareció conveniente comenzar por recordar todo desde el momento en el que empezó a ser (lo cuál le tomó exactamente lo mismo que lo que le tomo hacerlo todo, porque no conocía el concepto de resumen), recordó cuando descubrió el espacio, el movimiento, el tiempo y demás. Concluyó por fin que lo que hacía era ordenar hechos y cosas que conocía y a partir de ahí creaba nuevos pensamientos. Por supuesto que no podía hablar, oír, ver ni tocar pero su extraño lenguaje no era ni auditivo ni visual ni táctil, al igual que su propio ser, su lenguaje solamente era.
Pensaba, sabía que lo hacía, tenía lenguaje y tenía poder, pero sobre todo conocía su poder, que era tal que cualquiera de nosotros puedo haberse hecho inmortal de haberlo poseído, mas tal cosa no le fue necesaria porque ni siquiera conocía la muerte. Dicho lo anterior, cabe preguntarse, que puedo haber hecho con tanto poder, por supuesto que tendría el mundo a sus pies de haber vivido en nuestro mundo, pero en aquél, su extraño mundo, no era necesario, lo poseía todo y a la vez no poseía nada más que su ser. Al fin, ¿qué había que poseer? ¿El espacio? La verdad es que era casi completamente inútil, salvo porque lo dejaba moverse, no tenía función alguna, además de que ya podía hacer de su tamaño (el del espacio) lo que le complaciera.
¿Qué sería, se preguntarán, de alguien, o algo así? De tantas palabras que hay en el idioma, no parece descabellado usar una, que no es poder de nadie usarla con descuido, pero dadas las circunstancias, me atrevo a decir que la ocasión lo amerita. Así es, la palabra (tal vez lo hayan adivinado) es todopoderoso, y ¿qué no lo era?, tenía un poder no visto comúnmente, el de pensar, ya hemos visto los prodigios que había logrado.
A pesar de todo, le perturbaba, y de forma considerable, que había una cosa que no había logrado: no pensar. Esta idea parecía aterradora, pero, no sin miedo, se decidió a intentarlo. Volvió a su lugar de origen y esperó. Una vez estando ahí, lo hizo, no pensó.
FIN









